martes, 22 de julio de 2014

Santa María Magdalena

 María Magdalena a la  que se le apareció el  Señor  después de su resurrección tiene un papel muy específico: ser testigo, incluso para con los apóstoles, de la Buena  Noticia de Jesús glorioso. Ella, la que había seguido a Jesús con el grupo de mujeres, la que había estado al pie de la cruz con la Virgen María, ella es símbolo de lo que los cristianos tenemos que hacer en nuestra sociedad de hoy; es la primera testigo del milagro de la Resurrección, lo que la convierte en apóstol de Apóstoles, la persona que Jesús escoge para llevar el mensaje de su regreso a la vida. Todos los evangelios la mencionan en este importante momento.
Al ser liberada de siete demonios, María Magdalena vivió en carne propia el milagro de sanación que ofrecía Jesús a los que tenían fe. Este milagro la transformó de tal manera que la convirtió en la testigo que lo acompañó hasta después de la muerte. María Magdalena en la Biblia es el ejemplo del poder de conversión del corazón humano.
El amor de María Magdalena no muere bajo la cruz. Jesús le había devuelto la vida  en plenitud y desde aquel momento ella  había vivido para él. Tras la hora trágica  del viernes santo, María Magdalena permanece fiel a aquella entrega absoluto, obstinadamente  consagrada a la búsqueda  de aquel a quien ama. Nada puede apartarla de su objetivo: ni siquiera el descubrimiento de la tumba vacía.
Esta mujer es figura de la Iglesia –esposa y de toda  persona que busca  a Cristo y no tiene otra cosa para ofrecer que las lágrimas del amor. 
El Señor se deja encontrar por quien le busca de este modo. Resucitado, vivo, se acerca a quien sabe permanecer en la soledad junto al misterio incomprensible. También nosotros, como María Magdalena exultaremos de alegría ante su presencia, que nunca es asible, sino poseída o prevista. Sólo quien  ha conocido la larga noche de la espera y del deseo puede convertirse en testigo creíble entre los humanos de una fe que no es vana.
(fuente: las fiestas de Santos)






miércoles, 16 de julio de 2014

Festividad de la Virgen del Carmen


La devoción a la virgen del Carmen hunde sus raíces en un lugar y en un tiempo bien preciso. El lugar es el monte Carmelo, cadena montañosa de Galilea, que se asoma al mar por un alto promontorio y por el otro lado da a la llanura de Esdrelón. Karmel significa <<jardín>> en hebreo. Es el monte santo, lugar de la oración y donde moró Elías, cantado en la Escritura por su belleza. En este monte-y más precisamente en uno de sus valles- algunos de los cruzados venidos de Occidente dedicaron, a comienzos del siglo XIII, una iglesia a la Virgen María, poniendo bajo su protección la regla de vida que les había dado Alberto, patriarca de Jerusalén y tomando el título de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. 
Desde aquel momento, la figura de la Virgen, Madre y Hermana, acompaña a la historia del Carmelo, de sus santos y de sus santas. Se trata de una historia de favores de la Virgen y de santidad de los miembros de su orden. El Carmelo ha contemplado en María a la Virgen purísima, a la Madre espiritual, a la Estrella del Mar. Ha recibido como don, para extenderlo a todos los devotos, el escapulario, signo de protección y de alianza, prenda de salvación eterna.
Se eligió la fecha del 16 de julio porque el 17 de julio del año 1274, el segundo concilio de Lyon sancionó la permanencia de la orden (que debía ser suprimida). La conmemoración fue extendida a toda la Iglesia por Benedicto XIII en 1726.( fuente:Lectio divina)
 Este día es muy importante para le barrio madrileño de Puente de Vallecas, donde está situado nuestro Noviciado. Es la Patrona de esta zona y lo celebran los cristianos  y ciudadanos con gran entusiasmo. La Eucaristía por la tarde y a continuación  una gran procesión con la imagen de la Virgen por varias calles del Barrio, acompañada por multitud de personas, de la banda municipal y chulapos/as que ya casi al finalizar  animan con unos chotis.








miércoles, 2 de julio de 2014

El Mundial de los que no cuentan

El paso de los días hace que la emoción del Mundial vaya en aumento, que la gente esperé con impaciencia el próximo partido. La fase de octavos de final y como se han ido resolviendo las diferentes confrontaciones, en muchos casos con incertidumbre hasta el pitido final, hace que la ansiedad aumente, consecuencia de esa mezcla de emociones que envuelven al ser humano.Sin embargo, uno a veces se sorprende con situaciones en las que la gente vive y con las actitudes inesperadas que estas personas tienen. Digo esto por una situación por la que pasé en estos días. Llegué a una comunidad en la zona rural y el tema de conversación, como está siendo habitual, fue el Mundial. Todo mundo opina y muestra su orgullo patriótico, repitiendo constantemente que Brasil será campeón.
Pregunté si les estaban gustando los partidos y el juego de la selección, a lo que me respondieron, con gran sorpresa de mi parte, que no tenían luz en casa. Es verdad que en los últimos años el gobierno brasileño ha llevado energía eléctrica a muchos lugares donde hasta hace pocos tiempo no había, pero todavía no han conseguido llegar a todo mundo, muchas veces por falta de ganas de resolver los problemas concretos de la gente.En este lugar sería fácil llevar energía, pues no es un lugar remoto, no estoy hablando de un lugar perdido en medio de la selva amazónica.
En mi opinión esto supone una lucha interna para estas personas. Por un lado se sienten parte de un país que empuja a su selección, en cuanto esa nación les priva de elementos que puedan mejorar su calidad de vida a nivel básico y por los que luchan desde hace varios años.
Es el Mundial de los que no cuentan, de aquellos que calientan en la banda un partido atrás de otro, pero que nunca saltarán al campo. Ellos también visten la camiseta, pero se tienen que conformar con vivir de ilusiones, que sabemos no serán realizadas. Lo más sorprendente es que se sienten formando parte del espectáculo, sin importarles mucho cual es su papel.
Al final, este es sólo un episodio a más dentro de una realidad en la que muchos sufren las consecuencias de un sistema social injusto, en el que la masa es usada en beneficio del sistema. En el país del Mundial, conseguir que la gente se "ilusione" con cosas diferentes ayuda a que dejen de pensar, y en consecuencia de luchar por aquello que es prioritario en sus vidas. Sentirse participes de un gol que nunca vieron les hace soltar las tensiones acumuladas e inundarse de una falsa alegría que en el fondo les lleva a perpetuar su sufrimiento.