Comenzamos la etapa de noviciado

El pasado 4 de octubre, día en que celebramos la festividad de San Francisco de Asís, vivimos con alegría y esperanza en la Comunidad del Noviciado Congregacional, la celebración de introducción a esta etapa de tres jóvenes procedentes de Venezuela: Alcira, Reina y Gary.



«Sintiéndome amada, llamada y enviada, y con el deseo de seguir a Cristo pobre y crucificado, con
estas motivaciones he dicho sí al Señor, teniendo la mirada fija en Él.
Descubriendo que en cada paso que dé encontraré al hermano que sufre y a aquel que necesita, con estos sentimientos y tomada de la mano del Buen Pastor y de María, he comenzado esta etapa del noviciado, siguiendo las huellas de nuestra Madre Fundadora.
Quiero caminar en humildad y sencillez, amor y sacrificio, buscando en todo momento amar, creer, sonreír y confiar, para que en mis debilidades y luchas pueda vencer y crecer en fidelidad».

Alcira Álvarez



El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (Sal. 125)

«Me parece oportuno poder iniciar estas palabras haciendo resonancia de este salmo, ya que expresa explícitamente el momento de júbilo y gozo que vivo en el Señor y con el Señor.

El día 4 de octubre, fiesta de nuestro padre San Francisco de Asís, tuvimos el rito de introducción al noviciado, precisamente quiero compartir con ustedes lo que ha sido mi experiencia dentro del noviciado hasta este momento y para ello cito a San Francisco: “Si DIOS puede trabajar a través de mí, puede trabajar a través de cualquiera”.

Me siento y reconozco un simple instrumento de Dios, un instrumento frágil, pero a la vez un instrumento a través del cual quiere mostrar su gracia, su amor, su misericordia. En fin tengo presente que el dueño y centro de mi vocación es Dios, a mí me corresponde acoger la llamada y ser como ese barro en manos del alfarero, dejarme hacer por Dios. El noviciado es para mí una invitación a descalzarme, a escuchar la voz de Dios y hablarle desde dentro de mí misma y vivir en actitud constante de conversión movida por la escucha y meditación del evangelio.

Durante este tiempo de adaptación me ha llamado profundamente la atención en que siendo extrajera no me siento extrajera; aunque somos de países y culturas diferentes nos entendemos y nos llevamos muy bien; es maravilloso contemplar el gran milagro de la fraternidad. Considero que el lema o legado de nuestra Madre Fundadora María Ana Mogas, “Amaos”, se hace realidad en cada una de nosotras.

Estoy profundamente agradecida a Dios y al Instituto por acogerme y formar parte de la gran familia Franciscana Misionera de la Madre del Divino Pastor.

También sé que muchas personas están orando por nosotras; a ellas les doy infinitas gracias y pido al Señor que les bendiga y que no dejen de orar por nosotras».

Reina Damelis Hernández Figueroa



«Doy gracias a Dios en primer lugar por permitirme vivir esta nueva experiencia en mi vida vocacional, especialmente por ser un día tan significativo y especial en que celebramos a San
Francisco de Asís.

Entre mis luces y sombras el Señor me convocó para acercarme a él y profundizar en su seguimiento, diciendo como el apóstol: “Maestro, ¿dónde vives?”. Y el Señor nos invitó con un “ven y veras”. Así lo he sentido desde que se dio inicio a la oración frente a Jesús en el santísimo y recordando varias frases de la Madre Mogas hechas cánticos y resonancias jubilosas junto a las hermanas que nos dieron su grata compañía a las que hicimos nuestra entrada formal ese día: Alcira, Reina y yo; contamos con la presencia de la M. Rosario a quien le comunicamos nuestro deseo de dar comienzo a esta etapa de noviciado. Confiando al Señor esta respuesta de fe “Y se quedaron con Él aquel día”, valiosa experiencia que traza una huella de guía para conocer sus sendas.

Así también, fue de gran emoción para mí compartir con todas las hermanas presentes, Rosario, Elvira, Adelaida, Jose, Juanita, Ramona, Iraida y las hermanas en formación Scarlet, Teresa y Joana, sintiendo sus calurosos abrazos de bienvenida y expresiones de aliento para este camino de discernimiento. Con sus detalles fraternos que fueron una hermosa sorpresa y por lo que agradezco su gran esmero: comida, video, regalitos, baile… y sobre todo su amor y disposición para acercarme a vivir un camino junto a ellas en fraternidad. Paz y bien».

Gary Elizabeth Gutiérrez Briceño

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